En varias ocasiones, he tenido la oportunidad de escuchar que la vida es como una montaña rusa, a veces estamos en lo más alto, a veces estamos en lo más bajo. Sin embargo, en mi mente de musico, me gusta darle otra visión a esta perspectiva. En la vida hay momentos de Notas agudas, en la vida hay momentos de notas graves. Ahora, en los altibajos de la vida, cuando sentimos que estamos en lo más profundo, normalmente es porque estamos pasando por situaciones difíciles, y cuando sentimos que estamos en lo más alto, es porque estamos teniendo éxito, o simplemente las cosas están saliendo bien.
Lo interesante es lo siguiente, en la música, tanto los altos, como los bajos son importantes. Que sería de una banda, si no existiera un bajista. Que sería de un cantante si solo puede cantar notas agudas y no llega a las notas bajas, seguramente estaría frustrado, y que como dije anteriormente, los bajos son importantes.
Para disfrutar la vida, tenemos que verla como la música, los altos y los bajos son importantes. Los momentos bajos, nos enseñan a depender de Dios, en las situaciones más difíciles de nuestra vida, cuando enfrentamos crisis financieras, alguna aflicción en nuestra salud o un problema familiar, aferrarnos a Dios es lo que nos dará paz y descanso. Aprenderemos a escuchar su voz, a encontrar animo en la palabra y a experimentar lo que es refugiarse en Él.
Por otro lado, los momentos altos, cuando sentimos que estamos en victoria, cuando las cosas van bien, es allí donde nuestro corazón debe ser agradecido y recordar quien es el creador de todo lo bueno y el que permite que todo vaya bien.
En esos momentos, debemos ser como José, quien, por varios años, guardó alimentos para los tiempos de hambre y cuando estos tiempos llegaron, tenía los recursos suficientes para sostener el pueblo. Los momentos altos de nuestra vida tienen que ser atesorados en nuestro corazón, para que cuando lleguen los bajos, podamos recordar que aquel que nos lleva a lo alto, nos sostendrá en lo más bajo.
Salmos 139:7-12 ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a lo alto, allí estás tú; Y si estoy en lo bajo, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba Y habitare en el extremo del mar, Aun allí me guiará tu mano, Y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; Aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, Y la noche resplandece como el día; Lo mismo te son las tinieblas que la luz.