Uno de los retos más comunes tanto para músicos como para cantantes en los ministerios de alabanza es lograr una cultura de disciplina y pasión a través de sus dones. Este problema surge debido a la falta de balance entre los dos conceptos que ya mencionamos: DISCIPLINA Y PASIÓN.

Un esfuerzo que se hace constante, con disciplina y atención producirá un adoración de calidad pero que al pasar el tiempo perderá el norte y verdadero propósito de todo: adorar en espíritu y en verdad. Si ensayamos y tocamos con disciplina pero sin pasión lo estaremos haciendo por el ego de querer mostrar nuestro talento y capacidades y tarde o temprano nos aburriremos de hacerlo.

Por otro lado si servimos solo con pasión pero sin disciplina seremos como el oleaje de un mar, impreciso e impredecible. Estaremos atados a nuestro estado de ánimo y no seremos capaces de dar nuestro 100% aún cuando el cuerpo no quiere.

En conclusión la excelencia es el fruto de la disciplina y la pasión juntas. No se trata de perfección sino de darle lo mejor a Dios en todo lo que hacemos.