Hace unos años tuve la oportunidad de ver una película llamada “El Regalo Prometido”. Si estás leyendo esto, seguramente la has visto.

Es la historia de Howard Langston, un padre que después de llegar tarde a una clase de karate de su hijo, le promete darle lo que quiera en navidad, con el fin de que lo perdone. Su hijo le pide inocentemente una figura de acción de Turboman, que es el juguete mas popular de la época. Siendo un muñeco tan deseado, todas las tiendas han agotado su inventario de Turboman, y es un reto total que Howard pueda conseguir el regalo que le prometió a su hijo en navidad. Después de pasar por muchas cosas, este padre termina poniéndose el traje de Turboman lo que alegra mucho a su hijo ya que su propio papá terminó siendo su héroe.

Esto me hace pensar que en navidad es muy fácil frustrarse, es una fecha donde todos corren por cumplir el objetivo de dar algo tener algo y algunos cargan con el peso de no poder alcanzar esta meta o ver que el año está a punto de acabar y no han logrado lo que se propusieron al iniciarlo.

Sin embargo, cuando siento cabeza, mis ojos se abren y puedo entender que, así como este padre se puso el traje de Turboman, para que su hijo no estuviera frustrado ni cargado en navidad, Jesús también se puso el traje y se presentó como ese regalo prometido con el propósito que cada uno de nosotros pudiera estar feliz, dichoso, no solo en esta época, si no en cualquier momento del año y que las cargas que nos puedan afligir, no sean un peso que nos impida disfrutar de lo que ya él nos dio.

Navidad nos recuerda que este regalo prometido, vino para salvarnos y que mejor forma de agradecer y de honrar este sacrificio que cantando música que lo adore a él y que hable de lo maravillosa que es su obra. Que esta fecha sea para recordar que Jesús es el origen de todo, y que nos sea una temporada donde perdamos el foco de este regalo que es el mejor que vamos a recibir, porque basta con que lo aceptemos una vez y estará para siempre con nosotros.